miércoles, 27 de mayo de 2015

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Si bien el sueño de la biblioteca total semeja cada días un poco más próximo, la realidad prueba que la tecnología, lejos de condenar al libro impreso a la extinción, lo potencia y deja en claro que siempre y en todo momento van a ser precisos los intermediarios para darle sentido al caos

Para la industria generalmente, los nipones idearon los sistemas de sincronización just-in-time (que dismuyen los inventarios al mínimo) y los sistemas de producción en el paseo (generar en la bodega del navío que viaja al mercado). La nueva utopía industrial es regresar en cierta manera a la producción artesanal: atender individualmente cada pedido suprimiendo locales, distribuidores y también inventarios de productos terminados. El ejemplo más notable ha sido el éxito de las computadoras Dell, armadas en la factoría a pedido (en un menú amplísimo) y mandadas de forma directa al domicilio del cliente del servicio. El futuro del libro participa de esta utopía y tiene las suyas propias, particularmente el sueño de una biblioteca total.

Los viejos vieron el cosmos como un libro y soñaron recrearlo en el espéculo de una biblioteca. En mil novecientos cuarenta y uno, Borges llevó esta fantasía al extremo: "La Biblioteca de Babel" incluiría hasta los libros aun no escritos. Unos años después, Vannebar Bush planteó lo que el día de hoy llamamos hipertexto: la vinculación electrónica de todos y cada uno de los textos. "Una biblioteca de un millón de volúmenes podría estar comprimida en una esquina del escritorio". Todo lo impreso por la humanidad podría cargarse en una camioneta. Un mecanismo llamado Memex ( memory extension ) haría de forma automática lo mismo que la memoria: conectar lo significativo, olvidando lo demás. Si deseas libros gratis esta es una web.

Una primera forma de este proyecto apareció en las Sagradas Escrituras medieval: un espéculo del cosmos que reúne todos y cada uno de los libros sagrados y los conecta hipertextualmente con referencias, concordancias, comentarios. Conseguir algo semejante en internet, para el texto completo de todos y cada uno de los libros, de todas y cada una de las temporadas, en todos y cada uno de los idiomas: la biblioteca universal digital. Es bien difícil y costosa, mas técnicamente es ya posible.

En su forma radical, esta fantasía suprime, no solo los inventarios, sino más bien todos y cada uno de los intermediarios. En teoría, el acceso al texto en una pantalla puede ser más simple, asequible y atrayente que en papel encuadernado, sin precisar depósitos, librerías, ni bibliotecas. En teoría, no harían falta los mediadores: el creador puede buscar de manera directa al lector, como ya lo hacen muchos autores que ponen sus textos en internet. No obstante, considerando los detalles prácticos, la tecnología digital semeja destinada a fortalecer, más que a substituir, el libro impreso y sus intercesores.

Los sistemas de impresión por ejemplar POD ( Printing On Demand ) suprimen los inventarios en proceso y dejan reducir el depósito de libros terminados. En lugar de generar mil ejemplares de cada pliego, doblarlos, compatibilizarlos con el resto y encuadernar mil ejemplares del libro, como hacen las imprentas y encuadernadoras tradicionales; o bien en lugar de fotocopiar mil veces una página, entonces otra, y de este modo consecutivamente, para encuadernar mil ejemplares; las nuevas máquinas, como los viejos copistas, pueden fotocopiar o bien imprimir electrónicamente un solo ejemplar completo, desde la primera página hasta la última. De esta forma, el impresor ya no tiene razonamientos para decirle al editor: te cobro menos por ejemplar, si imprimes más. Por la naturaleza misma del proceso, debe cobrar lo mismo.

Las grandes rotativas para la producción masiva de libros de bolsillo asimismo trabajan sin inventarios en proceso, mas aumentan el de libros terminados y son incosteables para generar varios miles y miles de ejemplares. Las imprentas tradicionales son incosteables para generar varios cientos y cientos de ejemplares. Los sistemas POD pueden generar reposadamente decenas y decenas de ejemplares y hasta un solo ejemplar. Son competitivos para tirajes mínimos, de tamaño y calidad estándar. Su aportación más notable va a consistir en ampliar la vida de los títulos que ahora es incosteable reimprimir.

Con pequeñas reimpresiones, todo el fondo viejo de un editor puede proseguir a la venta, si bien la demanda de ciertos títulos baje a diez ejemplares al año. (El caso extremo, conforme The Guinness Book of Records , ha sido el de una traducción del copto al latín, que la Oxford University Press vendió al son de dos con seis ejemplares al año entre mil setecientos dieciseis y mil novecientos siete.) Con la solución tradicional (reimprimir cuanto menos mil ejemplares), muchos títulos dejan de imprimirse, si bien hayan sido best sellers o bien tengan mucho sentido en el catálogo. Mas cuando se pueden reimprimir cantidades pequeñísimas, la inversión y el peligro para el editor dismuyen al mínimo.

Esto se puede tomar en cuenta desde la primera edición. Si un editor está seguro de vender 2 mil ejemplares, mas no tan seguro de vender 3 mil, puede imprimir 2 mil de forma tradicional y aguardar a ver qué ocurre, con la calma de imprimir después los ejemplares que hagan falta, conforme la demanda. Pongamos que el millar auxiliar (para guardarlo, por si acaso llega a hacer falta) le cueste tres mil dólares americanos, al tiempo que la impresión POD le cuesta 6 dólares estadounidenses por ejemplar. Supuestamente, la primera opción cuesta la mitad (3 dólares americanos por ejemplar). Mas calcular así es entregar por vendido el millar auxiliar, cosa por demás dudosa. Pongamos que, en verdad, no venda más que trescientos ejemplares más. En un caso así, con POD va a haber invertido mil ochocientos dólares estadounidenses totalmente seguros, en pequeños pagos a lo largo del tiempo; lo que es mucho menos que 3 mil dólares americanos en un solo pago anterior, para imprimir setecientos ejemplares invendibles y trescientos vendibles (que, por consiguiente, costaron verdaderamente diez dólares americanos por ejemplar). Si bien el costo unitario POD sea (supuestamente) el doble , la diferencia se justifica extensamente como una prima de seguro. Naturalmente, una traducción del copto al latín debe imprimirse ejemplar por ejemplar, desde la primera edición.

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